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No nos dejemos engañar

  • Opinión.
Cuando eres atlético tiendes a vivir en los polos más a gusto que en la normalidad, tiendes a ilusionarte y deprimirte a una velocidad impensable para otras aficiones.

Así, una simple pretemporada puede hacernos soñar con las mieles de Neptuno o temer un año pésimo de mediocridad y poco fútbol.

La directiva lo sabe y juega con eso constantemente, tratando de camuflar su pésima gestión del club. Cuando un jugador llega y tiene calidad, Gil y Cerezo se frotan las manos pensando en su venta y la comisión.

Tanto es así que el Atlético de Madrid, en su día temido y admirado ha pasado a ser una mafia futbolística, donde se juega con la afición mientras se buscan unos beneficios que nunca llegan.

En el nuevo Atlético, comandado por Miguel Ángel Gil, el apellido Mendes vale mucho más que las aptitudes futbolísticas o la garra que le pongas a los partidos.

Cada vez que echo la vista atrás y piensas en todos los jugadores que no llegaron a nada por culpa de sus excesos o su falta de compromiso, pienso ¿cuántos grandes jugadores no han llegado por culpa del acuerdo con Gestifute*?

También pienso en la cantera, ese valor que en su día enamoró a la grada y que hoy camina sin rumbo por Segunda B, proyectando de vez un cuando una promesa que, automáticamente, es vendida para traer a otros dos suplentes más.

Esa cantera que Jesús Gil desterró para ahorrar antes de mandarnos a segunda en la peor campaño de la historia del Atlético.

Así pues, pese a que la pretemporada sea buena, de que logremos el objetivo de Champios, y a pesar de que ganemos la Europa League y la Copa del Rey, no nos dejemos engañar, porque hubo un día en el que lo ganamos todo, en el que las rallas rojiblancas daban miedo al contrincante.
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Pelotas en Italia nació con el fin de poder dar a nuestros lectores la más completa información sobre todo lo que rodee al fútbol italiano.